Desde Washington a Berlín, pasando por París o Bruselas, la sentencia fue calificada de "desproporcionada" por las potencias occidentales. Frente a la indignación provocada por esta condena, el ministerio ruso de Relaciones Exteriores respondió el sábado en un comunicado que el código penal alemán prevé que "los delitos cometidos contra la religión y las opiniones, incluidos los actos de gamberrismo en los lugares de oración, sean castigados con una pena de cárcel de hasta tres años o con una multa".
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