sábado, 8 de septiembre de 2012

Cuba, en la ruta de Colombia


Desde los orígenes del conflicto armado entre el Estado y los grupos guerrilleros, Cuba ha sido un protagonista esencial para multiplicar la confrontación o buscar los caminos de la paz. Ahora La Habana vuelve a ser sede de diálogos entre el Gobierno y la insurgencia, bajo la convicción de ambas partes no sólo de que Cuba ya ha cumplido tareas como país facilitador de otros intentos de paz, sino de que plantea condiciones de seguridad para quienes lleguen a cumplir papel como negociadores o asesores de la negociación política.
Un recorrido por la historia de las relaciones entre Colombia y Cuba demuestra la trascendencia o intervención de este país en el devenir del conflicto. Después de la victoria de los guerrilleros de Fidel Castro y el Che Guevara en enero de 1959, por la tendencia comunista de dicha revolución no demoró en convertirse en motivo de controversia. En ese momento, en Estados Unidos se vivía una transición de gobierno y, bajo el eslogan de que no habría una segunda Cuba en América Latina, un año después John Kennedy ganó la Presidencia.
En 1961, para lanzar su programa Alianza para el Progreso y de paso fortalecer una alianza continental contra el comunismo, Kennedy visitó Colombia. Pero días antes de esta visita, el entonces presidente Alberto Lleras Camargo se adelantó y rompió relaciones con Cuba. Como argumento de la decisión, Lleras sostuvo que el entonces primer ministro Fidel Castro había ultrajado públicamente a Colombia, al rechazar que el país apoyara una acción internacional contra el régimen comunista del propio Castro y demás exguerrilleros.
El punto en discusión fue la puesta en marcha de un mecanismo de consulta previsto en el Tratado de Asistencia Recíproca, para evaluar si Cuba estaba constituyendo una amenaza para la integridad, la soberanía, la paz y la independencia de los estados americanos. En el fondo, ya existía la preocupación de que Cuba se estuviera convirtiendo en promotor de grupos guerrilleros en América Latina, y Colombia ya vivía los días previos al nacimiento formal de las Farc y del Eln, además de otros grupos de tendencia comunista o castrista.
En adelante y hasta marzo de 1975, en que se reanudaron las relaciones entre Cuba y Colombia, no hubo gobierno que no examinara en sus políticas de seguridad la injerencia de Cuba en la expansión de grupos guerrilleros. De hecho, cuando en el gobierno de Misael Pastrana (1970-1974) se desarrolló la ‘Operación Anorí’ contra el Eln, el máximo comandante de esa guerrilla, Fabio Vásquez Castaño, escogió a Cuba como su destino definitivo. De igual manera, se volvió común que otros exguerrilleros migraran hacia Cuba.
Aun así, en la etapa final del gobierno Pastrana, a través de su canciller Alfredo Vásquez, se reanudaron los contactos con Cuba. Pero fue el gobierno de Alfonso López Michelsen el que restableció las relaciones en marzo de 1975. Ya para entonces se había sumado a la actividad guerrillera el M-19, y por su conducto, a la vuelta de la esquina estaba de nuevo Cuba en el ojo del huracán. Fue así como en marzo de 1981 Colombia volvió a romper con Cuba, esta vez en el gobierno de Julio César Turbay.
La nueva argumentación estuvo basada en evidencias según las cuales varios guerrilleros del M-19 capturados con armas en el sur del país habían sido entrenados en Cuba. El gobierno Turbay calificó el hecho como una intromisión en asuntos internos de Colombia. Ya se tenía como antecedente que, como parte de la solución a la crisis de la toma de la Embajada de la República Dominicana en Bogotá por parte del M-19 en abril de 1980, los guerrilleros habían salido protegidos a Cuba, donde ya vivían un buen número de exiliados.
Desde 1981 hasta 1991 el tema Cuba siempre estuvo en la agenda de seguridad y paz de los gobiernos de Colombia. Las relaciones entre las dos naciones volvieron a reanudarse en la administración de César Gaviria. Pero entre los expertos en negociaciones se volvió común apelar a Cuba como un país facilitador en caso de negociaciones de paz. Sobre todo con el Eln. De hecho, durante los gobiernos de Andrés Pastrana y Álvaro Uribe alcanzaron a darse rondas de negociaciones en La Habana para tratar de habilitar caminos de paz.
El exembajador colombiano en dicha nación, Julio Londoño, tiene su propia apreciación de por qué Cuba está en la agenda de paz de Colombia: “Ha demostrado una gran capacidad para ser facilitador y genera confianza entre las partes”. Además, para nadie es un secreto que el propio Fidel Castro siempre ha querido jugar un papel fundamental en la búsqueda de paz para Colombia. Es decir, en esa nación, más que en cualquier otra, hay ambiente de paz y las señales son claras de que los mismos cubanos son conscientes de que el tiempo de la lucha armada ya pasó.
A su vez, la exembajadora de Colombia en Cuba, Clara Nieto, agrega que las Farc tienen confianza en Cuba, hecho determinante para avanzar en cualquier diálogo, con un añadido importante: “Cuba quiere ayudar a Colombia, no sólo por la paz misma, sino porque en su opinión dejaría sin pretextos a Estados Unidos para seguir entrometiéndose en la situación interna de Colombia y de otros países de América Latina”. En pocas palabras, resaltó la exembajadora, el consejo cubano puede ser crucial.
Es cierto que hay prevenciones, pues para algunos analistas, como Vicente Torrijos, Cuba ha sido promotor del terrorismo internacional, pero también ofrece una ambivalencia, pues les da seguridad a las Farc para que lo acepten como un país garante. En resumen, la importancia de Cuba en estas nuevas expectativas de paz para Colombia no es gratuita, y en los 50 años que está por ajustar el conflicto entre el Estado y las Farc, para bien o para mal siempre ha estado presente. Lo importante es que ahora prevalezca su apoyo para la paz.


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