domingo, 5 de agosto de 2012

Cada día se tumban tres casas en Bogotá


Barrios como Cedritos sufre por una densificación sin mayor planificación.

¿Va Bogotá camino de ser una ciudad sin casas? A la luz de las estadísticas de Catastro, este apocalíptico escenario urbanístico no es tan exagerado como podría pensarse de entrada. De hecho, cada día son demolidas tres casas y solo quedan 888 mil en toda la ciudad.
Aunque la construcción se desaceleró en un diez por ciento el año pasadola ciudad sigue creciendo, pero de manera vertical: hoy, en promedio, cada hora se construyen seis nuevos apartamentos.
En la calle que está justo detrás del Hotel Dann de la 94, en el norte de Bogotá, por ejemplo, solo queda una casa en pie. Su dueño es Roberto Jiménez, un pensionado que se ha negado a venderla, pese a que, en los últimos 20 años, ha visto como sus antiguos vecinos cedieron a las ofertas de los constructores que, a su vez, se quejan de la falta de suelo para edificar en la ciudad.
"Ofrecen lo que sea por una casa, para demolerla y luego construir edificios", dice Jiménez, quien vive en una de las 24 casas destinada a uso residencial que quedan en todo Chicó. "Mis amigos se fueron y vi, una a una, caer las casas del barrio en el que crecí", cuenta Jiménez con nostalgia.
En la localidad a la que pertenece este barrio (Chapinero), el 99 por ciento de las viviendas están en edificios, y solo el 1 por ciento, en casas.
Los barrios de esa localidad donde más se han destruido casas para hacer edificios en los últimos 10 años son, en su orden: Chicó, Antiguo Country y Marly. En ellos se duplicó el número de edificios y se tumbaron 277 casas.
En los últimos cuatro años, en las localidades de Chapinero y Usaquén, se acabó con 1.073 casas y se levantaron 75.165 apartamentos.
Y mientras que en la localidad de Usaquén se contruye, en promedio, un apartamento por hora desde el 2008, en barrios como El Nogal, que tradicionalmente fueron de casas, hoy ese tipo de viviendas son una auténtica rareza: según Catastro, allí solo quedan 28 que siguen destinadas a uso residencial.
El impacto urbanístico
Urbanistas y expertos consultados por EL TIEMPO coinciden en afirmar que este crecimiento 'hacia arriba' ha sido "desordenado" y "sin planificación", por lo cual, hay múltiples zonas donde el aumento exponencial de residentes ha generado problemas como saturación en redes de servicios públicos y vías de acceso, y un serio déficit en zonas verdes.
El arquitecto e historiador Alberto Escovar, explica: "Algunas zonas como el Chicó, que se pensó muy bien urbanisticamente a finales de los años 50 -con vías y zonas verdes-, han aguantado este proceso de densificación, pero en otras, como es el caso de Cedritos, el cambio de casas por edificios ha sido catastrófico".
Pero esto no ocurre solo en el norte ni en estratos altos. En el último año, el fenómeno se ha extendido con fuerza a las localidades de Santa Fe y San Cristóbal, donde se demolieron más de 2.000 casas. Solo en Suba se derribaron 276 y se construyeron 15.629 apartamentos.
La secretaria de Hábitat de Bogotá, María Mercedes Maldonado, explica que, el fenómeno, es sí mismo, no es negativo: "Que se acaben las casas no es algo malo, es natural, porque eran para un modelo de ciudad de los años 60, hoy son ineficientes", argumenta.
Para ella la ciudad debe seguir creciendo verticalmente, pero de forma organizada. "El problema es que hoy cualquier constructor puede demoler una casa y construir un edificio, y no le aporta nada a la ciudad", en términos de la infraestructura urbana que demanda esta densificación.
El gremio constructor responde que ellos solo hacen su trabajo y con las normas vigentes. "Mientras no haya renovación urbana seria, seguiremos tumbando casas para hacer edificios", dice el constructor Camilo Congote.
El asunto está llegando a tal punto, que ahora, y ante la falta de casas para derribar, se ha comenzado a demoler edificios antiguos de cuatro o cinco pisos, y pocos apartamentos, para levantar en esos terrenos torres con muchas más unidades habitacionales. En la calle 92, el fenómeno salta a la vista.
Esa dinámica no planificada, no solo acaba con la estética de la ciudad y afecta la calidad de vida, sino que "alimenta el monstruo del caos citadino". se queja el urbanista Mario Noguera. Pero todo indica que las casas seguirán cayendo, salvo las de patrimonio, y la de don Roberto, que se resiste a vender.
Planeación'La ciudad está llegando a su tope'
El secretario de Planeación de Bogotá, Gerardo Ardila, dice que aunque muchas casas están protegidas por ser patrimonio, las que no lo están se están tumbado sin ninguna planificación. "La ciudad tomó desde hace unos años un camino equivocado, que si bien parece optimista a corto plazo, porque la ciudad está creciendo, a largo plazo es insostenible. No existe un crecimiento indefinido en un mundo finito, y menos uno desordenado como el que se ha dado en Bogotá en los últimos años", dice Ardila, que sentencia: "la ciudad está llegando a su tope". Otro tema es "la entrega de licencias de construcción sin control y la acción de curadurías que es muy débil; esas licencias no tienen, algunas veces, coherencia con el Plan de Ordenamiento Territorial, POT", agrega. Tenemos que crecer en orden y ya se trabaja en definir con parámetros ténicos qué zonas sí se pueden densificar y cuáles no. Estas aparecerán en el ajuste del POT, que estará listo en noviembre.
¿Renovación?
"El concepto de renovación urbana no puede ser solo tumbar casas y hacer edificios, hay que hacer vías, redes de servicios y zonas verdes que hoy no se hacen", dice el exministro de Desarrollo, Eduardo Pizano.
Densificar a pobresEdificios para estratos bajos
Aunque hasta ahora el fenómeno de densificación -que ha causado caos en algunas zonas con inadecuadas redes de vías y servicios- ha sido por iniciativa privada y casi que exclusivo de estratos medios y altos, la Alcaldía planea llevar esto a los más pobres. Para ello construirá 35 mil apartamentos en lo que llaman el 'centro ampliado', a precios bajos y en tierra del Distrito. Algunos expertos creen que estas medidas no funcionan en los estratos bajos, porque al 'verticalizar' se sube el valor de las propiedades y esto hace que la zona se vuelva más cara. Pasó en Ciudad Salitre.

JORGE QUINTERO
Redacción Domingo

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