viernes, 7 de septiembre de 2012

Buscan si casos de decapitados en Tuluá se vinculan a mafias mexicanas


Autoridades investigan si bandas adoptaron prácticas de narcos mexicanos o si hay nexos.

Los rumores de la presencia de mafias colombianas y mexicanas empezaron el año pasado en Tuluá, en el centro del Valle. Pero el hallazgo de cinco personas mutiladas en menos de seis meses acentuó versiones sobre las venganzas al estilo de 'los Zetas', una temida banda mexicana.

Un mensaje pone otro ingrediente de miedo a esos comentarios. Al lado de la quinta persona decapitada, hallada esta semana en una maleta en una calle entre los barrios Nuevo Farfán y San Pedro Claver, dejaron en letras de periódico un cartel con el mensaje: 'De parte de Aníbal, el picante'. En los corrillos locales se comenta que esas palabras harían referencia al ají que llevan a la mesa los mexicanos.

"Ojalá que eso no sea cierto", dice el secretario de Gobierno del Valle, Jorge Homero Giraldo, quien anotó que existe preocupación por la pugna de 'los Rastrojos' y 'los Urabeños', con redes en el exterior, que golpea a ciudades como Tuluá, Buga, Palmira, Cartago y Cali.

El comandante de la Policía Valle, coronel Nelson Ramírez, dice que se han dado golpes a esas organizaciones y se investigan los rumores sobre la influencia de redes internacionales en delitos. Mientras tanto, en las calles se habla de 'los Paisas', que persiguen todo lo que suene a 'Rastrojos'. Y de una banda que habría llegado desde Cali, con presencia de menores entre quienes ejecutan crímenes con motosierra o a machete. Lo cierto es que estos crímenes tienen conmocionada a esta ciudad del centro del departamento.

Los autores de estos asesinatos han dejado cabezas en barrios del occidente y centro local, mientras que arrojan los restos a orillas del río Tuluá. Así ocurrió el pasado 4 de junio, cuando fue hallada una cabeza en las orillas del río Tuluá, a la altura del barrio La Inmaculada. Cinco días después, en un cruce rural, apareció el tronco, y los familiares identificaron al muerto como Cristian Andrés Pérez Rendón, de 26 años, a quien le registran antecedentes por tentativa de homicidio. Unos tatuajes en la espalda, además de la vestimenta, sirvieron para el reconocimiento.

Luego, fue en el sector de 'la Chichería' del barrio Uribe Uribe. La cabeza de un hombre trigueño, de unos 35 años, apareció en una bolsa negra colgada en la ventana de una carpintería. Fuentes oficiales dicen que apareció en una bolsa de basura.
Hay un antecedente sobre los nexos con bandas mexicanas desde el 4 de noviembre del 2010 cuando fue detenido el tulueño Mauricio Poveda Ortega, de 37 años, alias 'el Conejo'. Sobre este sujeto las autoridades dijeron que sería proveedor de cocaína de la organización de los hermanos Beltrán Leyva, asentada en el estado de Sinaloa y que se conoce como el Cartel del Narcotráfico del Pacífico Sur.

El presidente del Concejo de Tuluá, Juan David Cruz, no descartó que los últimos crímenes obedezcan a las acciones entre bandas delictivas con nexos en el extranjero y, por eso, no duda en decir que se debería pedir apoyo de autoridades internacionales.

José Germán Gómez, alcalde de Tuluá, considera que estos hechos pueden ser resultado de las peleas del microtráfico, pero sostiene que un trabajo articulado de las autoridades colombianas le puede poner freno a la situación. Ya se ha dispuesto la llegada de unos 200 policías. El 12 de marzo, Tuluá se sacudió por el crimen del presidente de la Cámara de Comercio local, Jesús Ernesto Victoria, en un ataque que las autoridades advirtieron pudo estar dirigido contra su sobrino, Diego Francisco Victoria, quien había llegado de México.

Pero el caso no tendría relación con la mafia sino con un préstamo que este último habría hecho en esa ciudad. La muerte de un mexicano registrada el pasado 27 de enero sí guarda más de un enigma. Se trata de Jesús Antonio Pompa Guerra, de 36 años, quien solo dos días antes había llegado a esta ciudad, al parecer, desde Medellín. Apareció muerto en una orilla del río tutelar. Fue reconocido por un tatuaje que le cubría la espalda en donde representaba una indígena mexicana con sombrero de charro y las iniciales E.P.T. En el lado izquierdo del tórax tenía escrito 'Alicia' y en el hombro derecho una telaraña y unos números romanos. Su cuerpo no presentaría señales de violencia.

Tampoco son claros los móviles del crimen del mexicano Juan David Fransoni Sánchez, de 37 años, y de la kartista colombiana Juliana González Bermúdez, de 20 años, hallados muertos solo unas horas después de llegar al aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón de Palmira. Sus cuerpos aparecieron en un zanjón de ese municipio.


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