Acelerar la construcción de vivienda y generar nueva infraestructura vial es urgente.
Ha pasado por alto un reciente encuentro entre el alcalde Gustavo Petro y el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, que tuvo lugar en el despacho del primero. Una reunión larga y franca. El tema: escenarios posibles para blindar a la ciudad y al país de una eventual crisis económica.
Por lo que ha trascendido, el cara a cara giró alrededor de la preocupación que les asiste ante un posible recalentamiento de la economía, que impactaría seriamente el empleo. Y Bogotá sería una de las más perjudicadas: la capital representa la cuarta parte del PIB del país, es la que genera el mayor número de puestos de trabajo, la que impulsa el consumo de bienes y servicios y la que jalona en gran medida la construcción. Sin contar con que un agravamiento de la crisis de Venezuela también golpearía las finanzas de la ciudad, pues exportamos al año unos mil millones de dólares al vecino país, principalmente en bienes manufacturados, según el secretario de Hacienda, Ricardo Bonilla.
El tema no es para alarmarse, aún, pero sí para mirarlo con cuidado porque tiene que ver con lo que está pasando. Me explico: el Ejecutivo tiene claro que el crecimiento del país no puede quedar a merced del boom minero-energético que vive Colombia y Latinoamérica. Por eso las expectativas están puestas en vivienda, industria y agricultura. Así lo confirman las recientes medidas de choque adoptadas por el presidente Santos. ¿Cuál es el aporte de Bogotá en todo esto? Para Bonilla, el salvavidas que puede ofrecer la ciudad está en vivienda y obras públicas. Incentivar decididamente estos renglones activaría la construcción en un 13 por ciento, se protegería el empleo y se morigeraría el golpe al consumo.
La ciudad trae un rezago en este frente. En casi año y medio de gobierno Progresista poco se ha avanzado; ni siquiera se ha terminado una troncal ni se ha licitado una nueva; la corrupción del pasado frenó los proyectos de envergadura.
Dado el panorama que nos espera, acelerar la construcción de vivienda y generar nueva infraestructura vial es urgente. Pero con la valorización embolatada y los concejales opuestos al cupo de deuda que pide Petro –ya sea por razones políticas o técnicas– echar a andar todo esto no será fácil.
El Concejo no está para girarle un cheque en blanco al Alcalde, es cierto, pero tampoco puede atravesarse como ‘mula muerta’ a iniciativas sobre las que reposa el futuro de la ciudad. Debatirlas con serenidad es su obligación. Cada día que pasa sin una solución es ponernos a las puertas de lo que el propio Petro llamó una “catástrofe”.
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