La maltrataron física y psicológicamente mientras trataban de sacarle datos sobre sus tarjetas.
El delito del 'paseo millonario' retornó en el norte de Bogotá, el miércoles 10 de abril, a las 6 p.m, cuando Diana, madre de cuatro hijos, cogió un taxi a la salida de su curso de idiomas, muy cerca de la avenida 19 con calle 122.“Yo lo cogí sin darme cuenta de las placas. Estaba hablando por celular”, contó la víctima.
El conductor, recuerda, era un hombre de unos 35 años de edad, moreno, cabello corto peinado con gel, bien vestido con jean y camisa. “Me dijo que me corriera al asiento de la mitad porque estaba mojado porque una mujer se había subido al carro con un florero y lo había ensuciado. Yo lo hice”.
Lo siguiente fue un ruido muy fuerte que se escuchó en el interior del vehículo. “El conductor me dijo que el cloche del carro estaba molestando y que se iba a orillar sobre la avenida 19 para desvararse. Me preocupé por él de verlo angustiado y le dije que si duraba un minuto yo lo esperaba”.
El hombre no quiso parar en una estación argumentando su mal servicio. Más adelante paró, salió del vehículo, miró hacia atrás, y un segundo sujeto se subió a la parte trasera del carro. “Esa persona me agarró las manos. Grité, pataleé y ahí comenzaron las ofensas”.
El segundo sujeto, un hombre alto, de unos 35 años de edad, trigueño, de pelo corto hacia atrás, era el encargado de atormentar a la víctima.“Güevona. No grite. Necesito las claves de sus tarjetas”, decía mientras golpeaba a Diana sujetándola de su cabello.
La impresión fue tal que la mujer perdió el conocimiento por unos minutos. “Cuando caí en cuenta, estaba en la autopista Norte. Había muchos carros y entonces grité hasta que me dijeron que si me quería morir siguiera así”.
En ese momento, el sujeto comenzó a revisar las pertenencias de Diana. “Yo solo le decía que tenía hijos, que yo le entregaba todo”.
Finalmente fue abandonada, despojada de todo su dinero, en la calle 166, mientras el conductor simulaba completa tranquilidad y el agresor le decía que ese era el trabajo que había escogido.
Como cierre del macabro episodio, Diana escuchó una frase que no ha podido sacarse de la cabeza. Segundos antes de ser abandonada, sonó el timbre de un teléfono celular al que el conductor respondió: “La estamos descargando, vamos por la siguiente”.
El conductor, recuerda, era un hombre de unos 35 años de edad, moreno, cabello corto peinado con gel, bien vestido con jean y camisa. “Me dijo que me corriera al asiento de la mitad porque estaba mojado porque una mujer se había subido al carro con un florero y lo había ensuciado. Yo lo hice”.
Lo siguiente fue un ruido muy fuerte que se escuchó en el interior del vehículo. “El conductor me dijo que el cloche del carro estaba molestando y que se iba a orillar sobre la avenida 19 para desvararse. Me preocupé por él de verlo angustiado y le dije que si duraba un minuto yo lo esperaba”.
El hombre no quiso parar en una estación argumentando su mal servicio. Más adelante paró, salió del vehículo, miró hacia atrás, y un segundo sujeto se subió a la parte trasera del carro. “Esa persona me agarró las manos. Grité, pataleé y ahí comenzaron las ofensas”.
El segundo sujeto, un hombre alto, de unos 35 años de edad, trigueño, de pelo corto hacia atrás, era el encargado de atormentar a la víctima.“Güevona. No grite. Necesito las claves de sus tarjetas”, decía mientras golpeaba a Diana sujetándola de su cabello.
La impresión fue tal que la mujer perdió el conocimiento por unos minutos. “Cuando caí en cuenta, estaba en la autopista Norte. Había muchos carros y entonces grité hasta que me dijeron que si me quería morir siguiera así”.
En ese momento, el sujeto comenzó a revisar las pertenencias de Diana. “Yo solo le decía que tenía hijos, que yo le entregaba todo”.
Finalmente fue abandonada, despojada de todo su dinero, en la calle 166, mientras el conductor simulaba completa tranquilidad y el agresor le decía que ese era el trabajo que había escogido.
Como cierre del macabro episodio, Diana escuchó una frase que no ha podido sacarse de la cabeza. Segundos antes de ser abandonada, sonó el timbre de un teléfono celular al que el conductor respondió: “La estamos descargando, vamos por la siguiente”.
Condena ejemplar
En febrero de 2013 una jueza de Bogotá impuso una histórica condena de 42 años a Jimmy Pérez Gutiérrez, de 34 años, acusado de liderar un ‘paseo millonario’ a una pareja que salió de una fiesta en la calle 93 con 11. La sentencia señaló que “no había nada más desalentador que una condena insignificante” .
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