Hace mucho rato un partido de fútbol no salía tan exactamente como se esperaba. El primer asalto de la final de la liga, este miércoles, entre Medellín y Millonarios en la capital 'paisa' resultó ser un combate sin golpes.
Se sabía -y se dijo- que desde la esquina roja no se tiraban golpes, que su fuerte era tener la guardia cerrada, amarrar al rival y esperar un lucky punch (un golpe de suerte) para mandar a la lona al rival, así como noqueó a Nacional, a Itagüí y a Equidad. Medellín sabe defenderse y es muy, pero muy livianito para atacar...
Se sabía -y se dijo- que desde la esquina azul se tiran muchos jabs, que se mantiene a distancia al rival, que se 'fintea', que hay juego de piernas lento, pero que le falta una mano ganadora, poder de nocaut, un mazazo para poner a dormir al contrincante.
Millos tiene la pelota despacio, con pases de control, que intenta encontrar el espacio para el pasecito filtrado de Máyer o de Otálvaro, y que, si llega a tener un par de opciones, hay que elevar una plegaria para que Wason o Cosme la metan. ¿Conclusión? Pues 0-0.
En el primer tiempo, Millos tuvo más la bola y dos oportunidades que falló Wason, no quitó en la mitad y Torres e Ithurralde -sí, señor- estuvieron bien atrás. DIM generó también dos llegadas, más con juego largo. El segundo acto fue un ladrillazo. Malísimo y aburridor. Solo una opción, de Millos, al final: Perlaza falló insólitamente.
Con la justa expulsión de Viáfara y el empate afuera, Millos tiene la ventaja aparente para definir el domingo en Bogotá. Aparente. Este miércoles, todo salió tal como se pensaba. Tal cual...
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