Seducir en dos semanas a los cinco millones de potenciales votantes que tiene Bogotá es la ardua misión que se han trazado los petristas y santistas que, tras la primera vuelta presidencial, ven amenazada la continuidad del proceso de paz entre las Farc y el Gobierno. La posibilidad de firmar un acuerdo que ponga fin a cincuenta años de conflicto armado es una de las principales razones por la que sectores tan disímiles ideológicamente, y que en reiteradas ocasiones se han enfrentado, se enfilan con el propósito de que el presidente Juan Manuel Santos sea reelegido.
Pero la paz no es la única razón. El pulso también es por permanecer en el poder y asegurarse un lugar en este escenario, más allá del aislamiento o la persecución de la que se quejaron durante los ocho años de gobierno de Álvaro Uribe. La izquierda y los sectores liberales han reconocido que el gobierno Santos les ha dado juego político, no sólo a través del proceso de paz, con la convocatoria de un Consejo Nacional de Paz, sino también en el Ejecutivo y con la puesta en marcha de varias leyes, como la de Víctimas y Restitución de Tierras, o la creación del Centro Nacional de Memoria.
Por eso santistas y petristas se han alineado para recuperar los votos en Bogotá después de los resultados del pasado domingo: el candidato presidencial del uribismo Óscar Iván Zuluaga ganó con 542.432 votos, seguido por Clara López, del Polo, con 501.302 votos, y Santos, con 444.051 votos, cinco puntos porcentuales por debajo de Zuluaga. Tendrán también que convencer de su propósito a los votantes en blanco que sumaron 207.783 sufragios y a la gran masa de abstencionistas, que supera la mitad de posibles votantes: 2’689.768.
Para este propósito, y curándose en salud frente a los alcances disciplinarios y sancionatorios del procurador Alejandro Ordóñez, salieron de la Alcaldía tres hombres de confianza del alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, y doce funcionarios más. Los quince renunciaron para apoyar la campaña de Santos, y de ellos los más cercanos al alcalde son el secretario de Integración Social del Distrito, Jorge Rojas, el secretario de Salud, Aldo Cadena, y José Miguel Sánchez, del Instituto de Recreación y Deporte. Sin embargo, todos han dicho que su vinculación a la campaña de reelección del presidente Juan Manuel Santos obedece exclusivamente a la búsqueda de la paz y que no harán parte del gobierno ni de la Unidad Nacional. “El progresismo no entra a la Unidad Nacional. El progresismo vota por Santos en función de la paz. Aquí no hay ningún acuerdo que tenga que ver con burocracia y mermelada; es una decisión autónoma en defensa del proceso de paz”, dijo Rojas. Lo mismo cree Cadena: “Continúan nuestras contradicciones con Santos, pero quedan como elemento secundario frente al bien supremo que es la paz. Queda claro que la paz no es de Juan Manuel Santos. Por una contradicción secundaria no se puede uno tirar la paz en este país”.
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