miércoles, 28 de mayo de 2014

El publicista reportero

Las grandes marcas se adueñaron de la cotidianidad de las familias alrededor del mundo. La tecnología hizo posible conectar los continentes y que un mismo mensaje llegara a millones de personas al tiempo y en distintos rincones del planeta. El conductismo, que nació a comienzos del siglo XX para explicar comportamientos humanos desde la psicología, se convirtió en el principio rector de la “comunicación de masas”. La publicidad empezó a entender a sus clientes bajo la premisa “estímulo-respuesta”, y al parecer les ha resultado tan eficiente que los grandes anuncios del presente se rigen por el mismo modelo. Las revistas emiten mensajes minuto a minuto que buscan vender ropa, comida, zapatos o canciones vendiendo también un modelo de vida de gente perfecta. Por eso, si compramos una bebida, compramos la felicidad, y si queremos la fragancia de un perfume, queremos de paso ser una mujer fatal. La combinación de colores y el sonido también está pensada para que se produzca el resultado esperado: millones de compras de un producto.
Pero Oliviero Toscani se salió del modelo. El fotógrafo de la marca Benetton empezó a escandalizar a sus propios colegas con fotografías que resaltaban la multiculturalidad, se oponían al racismo, eran un discurso visual. Hizo muchas que causaron revuelo y tal vez una de las más impresionantes fue el retrato de Isabelle Caro.
Bañada en maquillaje, Caro lucía una figura esbelta, bella, simétrica. Las luces y el ángulo de la imagen convertían su cuerpo en una silueta agradable a la vista. Las pocas pasarelas por las que pasó no revelaban ningún problema de salud en la modelo. Un día escuchó que el fotógrafo Oliviero Toscani estaba buscando una mujer anoréxica para una campaña en contra de esta enfermedad. Se apuntó de inmediato. Detrás de toda la parafernalia cosmética, Caro había descubierto su propia delgadez.
Toscani no tardó mucho en tomar las imágenes de su cuerpo desnudo. Los 25 kilos que pesaba quedaron retratados, según contó ella, al cabo de unas horas, y no hablaron mucho más.

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