Carmen, mamá de Elisa Oyarzún, de 13 años, reconoce no ejercer ningún control en el horario en que su hija puede usar el teléfono inteligente. “Pero a veces me asomo a su pieza de noche: si está su luz apagada y ella está usando el celular, hago que lo guarde”.
No obstante, Elisa hace el esfuerzo de no conectarse más allá de las doce, para no tener sueño al otro día. “En la noche converso con mis amigas por WhatsApp, reviso Facebook y uso una aplicación para leer libros. Una vez me quedé hasta las 2 de la mañana”, cuenta.
Entre los adolescentes, las horas de la noche parecen ser el momento de mayor actividad en las redes sociales. Aparentemente dormidos, se esconden bajo las sábanas de su cama para seguir usando sus teléfonos, tabletas y computadores.
Una tendencia que fue bautizada en Estados Unidos como vamping, de vampire (vampiro) y texting (enviar mensajes de texto). En Instagram, Tumblr y Twitter se puede ver cómo los jóvenes etiquetan sus fotos, sus estados y sus comentarios con el concepto #vamping. Aunque en América Latina este es un término relativamente nuevo, ya tiene su versión en español: #insomnio y #desvelados.
“El fenómeno por sí solo ocurre hace un tiempo, pero ahora experimenta un rápido crecimiento. Se puede ver en casi todos los niveles socioeconómicos”, dice Valeria Rojas, neuróloga infantil y presidenta del Comité de Medios y Salud de la Sociedad Chilena de Pediatría.
La recomendación médica para los adolescentes es dormir nueve horas como mínimo para asegurar un desarrollo saludable. Las consecuencias de no hacerlo son irritabilidad y pérdida de concentración.
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