El fundador de la empresa de ponqués Ramo, Rafael Molano Olarte, quien murió este miércoles a los 90 años, fue uno de los líderes empresariales más innovadores del país.
Su muerte llegó luego de varios quebrantos de salud que le disminuyeron su capacidad para moverse y de grandes cambios en su compañía en los últimos años. Ramo pasó de ser manejada como un emporio familiar a uno de gobierno corporativo, con una junta directiva mixta de cuatro miembros de la familia y tres externos de alto nivel, y un consejo de socios integrado por sus ocho hijos.
Molano Olarte murió en su apartamento de la calle 93 con séptima en Bogotá, muy cerca del Museo el Chicó. Allí tenía una sala de juntas –con mesa ovalada– donde le gustaba estar y en la que debatió por muchos años, con sus hijos, el futuro de Ramo.
En la sala, dos cuadros atestiguan su historia profesional y personal. El primero resume en fotografías los 64 años de Ramo, que empezó con seis moldes de torta y que hoy produce 900.000 unidades diarias del famoso Chocoramo. El segundo, los recuerdos más importantes de su familia.
Una de esas fotografías en blanco y negro es del primer local donde funcionó la empresa. Era el primer piso de la casa de Molano Olarte y su esposa, Ana Luisa Camacho, en el barrio Los Alcázares, cuando Bogotá terminaba en la calle 72.
La necesidad de Rafael Molano Olarte de pagar los 145 pesos de la cuota mensual de la casa sin retrasarse y de poder sostener sus amadas noches de bohemia, lo llevaron a idearse la manera de conseguir ingresos extra a los que recibía como ejecutivo de nivel medio en Bavaria, donde estaba encargado de que la logística y las ventas funcionaran. Antes de eso, su primer puesto en la compañía fue como celador de un lote.
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