Instagram nació sin muchas pretensiones. Su mayor promesa en octubre de 2010, cuando surgió de la mano de Kevin Systrom y Mike Krieger, era ser una red social para compartir fotos, que tenía la particularidad de aplicar filtros para mejorar el aspecto de las imágenes y daba la posibilidad de divulgarlas por otras redes sociales como Facebook, Twitter, Flickr o Tumblr.
Desde sus inicios, la aplicación se ha distinguido por darle a las fotos esa forma cuadrada, tan característica de las Polaroid. Y, al principio, tenerla era casi sinónimo de estatus, porque sólo estaba disponible para Iphone. Hoy, casi cuatro años después, Instagram se ha diversificado tanto que ya no es solo una plataforma para compartir fotos. Las posibilidades crecen: tendencias de moda, cocina, decoración, bienestar... Sus 200 millones de usuarios activos mensualmente en el mundo la aprovechan al máximo.
Desde sus inicios, la aplicación se ha distinguido por darle a las fotos esa forma cuadrada, tan característica de las Polaroid. Y, al principio, tenerla era casi sinónimo de estatus, porque sólo estaba disponible para Iphone. Hoy, casi cuatro años después, Instagram se ha diversificado tanto que ya no es solo una plataforma para compartir fotos. Las posibilidades crecen: tendencias de moda, cocina, decoración, bienestar... Sus 200 millones de usuarios activos mensualmente en el mundo la aprovechan al máximo.
“Uso Instagram para seguir tendencias de moda para mí y para mi bebé, y para buscar recetas y consejos sobre cocina. También sigo a muchas mamás blogueras y chequeo resúmenes de productos para bebés”, cuenta Dougmary Esquijarosa.
¿Qué volvió tan popular y útil una simple red fotográfica? Por un lado, el impacto visual de esta aplicación, que comparte un promedio de 60 millones de fotos al día, produce altos niveles de participación entre sus usuarios (4,21 por ciento versus 0,03 por ciento de Twitter, según un estudio publicado por Forrester Research). Por otro, la posibilidad de anexar texto a las fotos, sin las limitaciones que tiene Twitter, le ha servido a algunos para mercadear en la red lo que mejor saben hacer. Una información que el usuario consume como si se tratara de un manual móvil sobre ciertos know how, al mejor estilo de Youtube y sus tutoriales.
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