El viento que sopla fuerte en La Guajira ondea la manta verde limón, larga y holgada, que luce Mayulis Epiayo.
Descalza. La cabeza cubierta con un pañolón fucsia para protegerse de un sol que encandila un cielo despejado y que lo calienta todo, como un horno. La temperatura: 42 °C. Pero hay viento. Mucho. Es como si todo el viento del mundo naciera aquí, donde comienza el extremo norte de Colombia y del continente, en una de las regiones más bellas y turísticas del país, dueña de paisajes únicos en los que el desierto se funde con el mar.
Mayulis es la primera anfitriona de este viaje y nos recibe en su ranchería, a 15 minutos de Riohacha, capital del departamento. Se llama Saa’n Wayú y traduce, en la lengua de su pueblo, Espíritu wayú. La ranchería fue adaptada para recibir turistas, a quienes les comparte sobre la cultura de su etnia: les narra que este es un territorio sagrado, les habla de la energía de los árboles, del poder de la palabra y de los sueños. Sueños que auguran dichas y desventuras. Cuenta que esa energía sobrecogedora que se percibe la brindan los espíritus de sus ancestros.
Llega una familia: el papá, la mamá y una niña de 4 años. Mayulis los recibe en una enramada y los acomoda en los chinchorros de colores que ella y su mamá tejen. Le maquilla la cara a la mamá –un sol que nace desde la nariz–, la forra con una manta y la invita a bailar. El parejo es un pariente suyo, cubierto apenas por un taparrabo y un sombrero.
El tour incluye una visita al río Ranchería, que pasa por allí. Pero cuando llegamos no hay agua, solo una cuenca honda. El río está seco. Hace dos años que no llueve. El intenso verano que tiene azotada a esta región ha vaciado varios ríos, pozos y reservorios de agua, como se ha informado en las noticias. Pero ella tranquiliza a los visitantes:
“No les va a faltar nada, van a tener lo necesario para disfrutar de la belleza y la magia de La Guajira”. Esa aclaración también la hace Katherine Iguarán, directora de Turismo de La Guajira, quien explica que los servicios de hospedaje en posadas wayú, los hoteles de Riohacha, las agencias de viajes, restaurantes y transportadores trabajan de manera articulada.
Mayulis agradece la visita. El turismo, dice, se ha convertido en una importante fuente de ingresos para su comunidad. “No dejen de visitarnos”, sigue la mujer, recordando ese compromiso que debe ser ley de todo viajero: hacer algo por la gente que vive en los destinos por donde pasa.
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