lunes, 25 de agosto de 2014

Probamos el LG G Flex, el primer smartphone flexible

Claramente su forma es la carta de presentación del G Flex, que no falla en captar la atención de curiosos atraídos por su distintiva silueta. Su tamaño tampoco pasa inadvertido, con una pantalla de seis pulgadas que empequeñece a otros smartphones y que, sin embargo, no eleva en exceso su peso total, que se inscribe alrededor de los 176 gramos.
Toma algo de tiempo acostumbrarse a la silueta del G Flex. LG dice que su silueta minimiza los reflejos en la pantalla y que ayuda a una distribución más natural del sonido. Nuestra preocupación de que también lo hiciera algo inestable no se vio concretada porque, ya sea sobre la pantalla o sobre el reverso, el G Flex no solo es muy estable, es inamovible.
Pero uno no pone Flex en el nombre de su teléfono por lo curvo, sino por lo flexible, y esa es otra característica de este aparato, diseñada para protegerlo. LG dice que puede soportar hasta 40 kilos.
El G Flex también tiene poderes de 'regeneración' gracias a un acabado inteligente que, según el fabricante permite que el plástico de su parte trasera repare por sí solo arañazos y rayones leves, en virtud de una tecnología que hasta ahora solo se aplicaba en la pintura de algunos carros de alta gama. Sobra decir, no arregla cualquier cosa y en todo caso no le recomendamos cargara el teléfono en el mismo bolsillo que las llaves. Un dato interesante es que el proceso de auto-reparación funciona más rápido en climas cálidos.
Otro aspecto destacado del G Flex, que no ha obtenido tanto despliegue como el de su silueta, es el de la duración de su batería. Con 3.500 miliamperios, en condiciones normales, una carga completa basta para casi dos días de uso de voz y de datos.

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